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25 de noviembre de 2015

Yukio Mishima

No tenía muy claro si esta entrada iba a ser una entrega más de los Grandes Maricas de la Historia o no, pero después de haber leído lo suficiente he decidido dejarlo como mito homoerótico, que no es poca cosa. Con ustedes, Hiraoka Kimitake, más conocido como Yukio Mishima, de quien hoy de cumplen 45 años de su fallecimiento...


Como aquí nadie hemos nacido leídos, amigos, lo primero es confesar cómo descubrí la existencia de la figura de Yukio Mishima. Calculo que tendría yo no más de diez años cuando descubrí, perdido en un cajón de la mesilla de la habitación donde dormía en casa de mi abuela, en los veranos que pasaba en pueblo, el suplemento dominical de un periódico. Aburrido, lo ojeé hasta que di con una fotografía que me llamó la atención de una manera muy extraña. Yo era un crío, así que me temo que aún no era capaz de distinguir un mero interés de una cierta conmoción a la altura de la entrepierna. Vamos, que no sabía que era maricón. Aún.


El caso es que me quedé fascinado, como ahora me fascina pensar en la desbordante homoerótica de la iconografía católica, por cierto, y me leí el reportaje sin quedarme con nada a parte de la conmoción en la entrepierna y una desagradabilísima fotografía que ocultaré en un vínculo al final, para quien quiera verla. Al grano: Mishima fue un escritor japonés, novelista y dramaturgo para más señas, considerado uno de los más grandes escritores de Japón (esto que se lo apunten las modernas que van de intelectuales con su libro de Kenzaburo Oé en la mano). Su familia estaba vinculada a los samuráis (como Vicky Larraz pero de verdad) y pertenecían a la burocracia adinerada de una época de transición entre el Japón más tradicional y la invasión de las costumbres occidentales, algo que Mishima siempre observó como una insoportable decadencia, especialmente después de que su país perdiera la Segunda Guerra Mundial. Total, mucha tarita y bien de psicoanálisis, amiga.

Pues me vas a poner cuarto y mitad de la tara esta, por favor.

Pero hay más, porque resulta que, cuando se fue a alistar en el ejército como kamikaze, le dijeron que nanay, que mostraba signos de tuberculosis y que ellos querían suicidas sanos, no enfermos, así que se sintió humilladísimo y, para más colmo y tara, se sintió culpable por haber sobrevivido y haber perdido la oportunidad de una muerte heroica.

Errr... ¿hola?¿HOLA?
Bueno, por suerte, se puso a escribir y dio a luz la tetralogía de El Mar de la fertilidad, una especie de discurso ideológico sobre la sociedad decadente en lo moral y lo espiritual, y se metió en el mundo del ensayo, defendiendo, como buen japo, la figura del Emperador, representante sumo de su pueblo y su identidad. Se aficionó al gimnasio (en serio) y tanteó el mundo de la homosexualidad con su novela El color prohibido, algo que a su mujer no le hizo mucha gracia (es que se iba de baretos de ambiente, chicas), y al final, después de que lo propusieran tres veces sin éxito al Nobel, se le hincharon un poco las pelotas y tal día como hoy, en 1970, se fue con un grupo de amigos a un cuartel militar para iniciar un golpe de estado que devolviera al Emperador a su legítimo lugar. 

¿Me lo dices o me lo cuentas?
Y la cosa acabó fatal, porque resulta que desde el balcón del cuartel no le oían, así que decidió mandarlo todo a la mierda y seguir con su plan de huída, que básicamente era llevar a cabo, como buen descendiente de samuráis, su seppuku, o sea, hacerse el harakiri ritual, que incluye que un amigo te decapite después de te hayas abierto el abdomen en canal. Maravilloso, sobre todo porque el amigo no era muy diestro y después de varios tajos sin éxito tuvo que ser otro colega el encargado... Y así surgen los mitos, amigas, entre taras y sables. Hasta mañana.

A ver ahora quién limpia esto, TÍA!



22 de octubre de 2015

La Cumbre Escarlata

¡Qué bien! ¡Otra película de Guillermo del Toro! ¡Y de terror! Qué ganitaaaaas... bueno, como el día del estreno todo se llena de niñatos y tal y como no está la cosa para tirar los dineros, hay que ir al cine en el día del espectador, que es bien, y más si es en una sala de versión original, que la mayoría de la gente retrasada y molesta de los cines no suele ir a estas salas porque eso de leer y ver una peli y encima entenderla es demasiado para toda toda la población una generación de españoles.


A pesar de que en los últimos 20 años (ay, madre, qué mayores estamos) los trailers de las películas no dejan nada a la imaginación, la cosa pintaba bien, aunque la verdad es que después de ver el otro día en la tele Mamá me quedé odiando muy fuerte a nuestro mejicano director. Total, nos sentamos y empieza. Impecable producción, todo muy gótico (en el sentido victoriano de la palabra, ojo), ambientes decimonónicos logradísimos, vestuario fantástico, sustito inquietante a los tres minutos del comienzo, escenografías maravillosas... bien, bien...

"Sí, claro, maravillosas porque tú no las tienes que limpiar todos los días"

Típica historia (sin espoliar, tranquis) de chica buena que se enamora del hombre equivocado, casa fantasmagórica, cosas raras, gente muerta, gente muerta, gente muerta, aburrimiento, qué escenario tan impresionante, me aburro, ostras vaya vestido, anda, el actor fetiche de Del Toro ese del síndrome de Marfan (Javier Botet, el hiperlaxo ese, así) haciendo tres papeles, huys, no entres ahí, para haberse matado, qué sinsentido, ¡cuidado!... nudo, desenlace y fin.
No tengo palabras para Javier Botet

A ver, Guillermo, no es terror si me empiezas a sacar muertos ya de golpe. Quiero cagarme de miedo, y para eso necesito inquietud, no saber qué pasa, estar con la mosca detrás de la oreja, con tensión, que note que tengo el mojino encogido, bien prieto, no quiero ver cosas obvias, quiero una historia de terror, como me has prometido, no un cuento de miedo. Como decía ayer mi amigo Guillem, la historia recuerda mucho a Artur Mas... ¿Arturo Mas? Sí, la historia de un tío que para librarse de sus chanchullos económicos se envuelve con la bandera catalana para ganarse el apoyo del votante, pues esto igual: Del Toro coge una historia de misterio y la envuelve de fantasmas y de Javier Botet para que parezca de terror y no, chamo, no.


Pero, oye, que no es que diga que la peli es una putamierda (aunque me lo parezca), es entretenida, bien realizada, entretenida..., bien realizada, además de ser entretenida y tener una producción güena, güena, pero si al final, en pleno desenlace dramático, la gente se ríe en sus butacas, es que algo no va bien, y por eso sales del cine un poco meh, porque te das cuenta de que no vas a pasar miedo al quedarte solo en casa de noche porque los fantasmas en la peli están puestos por el ayuntamiento. Vamos, que sin fantasmas La Cumbre Escarlata también funciona y, chico, para eso me veo un capítulo de Castle en Divinity, no sé si me entiendes...

Bueno, al menos has entendido que queremos ver el culazo del prota.

Id a verla ya me diréis. Algunos de mis amigos han ido y les ha encantado, pero vamos, que para gustos los colores, que ahí está Sálvame que lleva años y Saber y Ganar que también, aunque esta última lleva siglos.

Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y cierra la puerta

3 de septiembre de 2014

Smiley, una historia de amor

Sí, amigas, una historia de amor, aquí, después de tanto tiempo.

Este viernes, o sea, dentro de dos días, el 5 de septiembre, se estrena en el Teatro Lara Smiley, y eso es bien. ¿Qué es Smiley? Pues es una obra de teatro de Guillem Clua, que es amiga, pero no os vayáis a pensar que os la recomiendo por eso, eh? Cuando Smiley estaba triunfando en Barcelona no era ni amiga ni nada y la obra ya era una cosa que había que ver.


¿Que de qué va? Pues es una comedia romántica sobre Alex y Bruno, dos chicos diametralmente opuestos, que se enamoran a pesar de los obstáculos y de no tener nada que ver entre sí... Vamos, como la vida misma, amigas. 

11 de septiembre de 2012

De Bimba y otras Chapuzas

Ya sabéis que la semana pasada o así (hay cosas que es mejor olvidar), tuvo lugar lo que antes se llamaba Pasarela Cibeles y que ahora, megapromocionada, se denomina MBFW Madrid, que es una manera muy útil de ocultar el monstruo: Mercedes-Benz Fashion Week.

Básicamente, se puede ver a la gente de siempre haciendo las cosas de siempre, poco inspirados o demasiado inspirados en cosas que ya se han visto antes en otras pasarelas de verdad y, de vez en cuando, despunta alguno (si le dejan, claro) con talento, en plan Moises Nieto, mientras otros que despuntaron en otros momentos, como José Castro, están llenos de historias nada halagadoras sobre la naturaleza de su inspiración, aunque ya se sabe: de todo se dice en los mentideros. Entre estos últimos están aquellos que pudieron ser y no fueron (que es como si yo me hubiese dedicado a quitar etiquetas de camisetas, customizarlas y hacerlas mías vendiéndolas como diseño singular,...) como, por ejemplo, David Delfín, que hacía 10 años que desfiló en Cibeles con aquellas modelos a las que puso una capucha mientras su supeamiga Bimba Bosé le miraba con una cara de odio que no veas...


Total, que después de una cosa de ni pena ni gloria durante estos años, rodeado de toda una camarilla de fans y, sobre todo de su inseparable Bimba y su Pelayo, ya está encumbrado como modisto, tanto que, como apenas tiene nada que ofrecer de lo que hablar, se montó su espectáculo el día de su desfile, proyectando un cortometraje que sirviese para eclipsar lo que después iba a seguir, algo que, a la luz de estas palabras, ocurrió.

En el corto (que si no habéis visto, ahora os pondré) aparece Bimba que ya, desde luego, no es esa tipa increíble de hace 10 años que te quitaba el hipo en la pasarela... ahora es una especie de caricatura de sí misma, con su sempiterno peinado y su falta de cejas, y muy echada para adelante, tanto que se mete en este embolado de protagonizar una historia en la que llega tarde al desfile de su amigo. En pánico, y tras un grito de lo más falso e increíble (¿será cosa de que el director es, como Clint Eastwood, un one-shot director, director de una sola toma?) monta en su coche de la marca que promociona la cuarta pasarela y ahí, ante todos, la chica limpia, fija y da esplendor a la lengua castellana con una nueva expresión: ser menos creíble que Bimba Bosé en un corto, con cada gesto, palabra o interjección.

Tras tres minutos (de reloj), viendo cómo unas mágicas manos ciudan y maquillan a la sobrina del Papito, el guión se hunde. En plan teatro grecorromano, surge el primero de muchos deus ex machina (elemento externo que resuelve una historia incurriendo en una falta de coherencia interna) en la forma de Rossy de Palma versión Guardia Civil; luego el segundo, en la forma de Mario Vaquerizo y Alaska (desaprovechadísimos), que tampoco consiguen animar el asunto; tercero, Antonia San Juan en la figura de la muerta de la curva (WTF!?) y, para terminar, Topacio Fresh que guarda las puertas de IFEMA,... Fin: logo en primer plano de la marca y... engancha justo con el desfile... ¡Oh! ¿Qué golpe de efecto!






¡Oye, oye! Que os puede gustar, ¿eh?, aunque a mi me parezca un despropósito y una cosa mala, pero bueno, es que, como según parece decir el hermano del director, yo soy como las demás maricas provincianas (sic) que no entendemos el arte y la vanguardia y criticamos esta obra cumbre de neorrealismo madrileño, y es que cuando un marica es de Madrid es de mejor calidad, un maricón ibérico, como el buen jamón... ¿De dónde es David Delfín, por cierto? ¿Y su Pelayo? ¡Preguntas, preguntas!


Ah, y que lo nuevo de la colección de David Delfín es llevar la espalda abierta de abajo a arriba. Súper. Mañana me voy a Nueva York, que están en plena Fashion Week... seria, claro.



23 de febrero de 2012

Una nueva Marilyn

La semana pasada pude ver un pase de Mi semana con Marilyn, una película de la que se había oído mucho por aquello de que la protagonista, Michelle Williams, había posado tal cual como vino al mundo y como Marilyn en unas tórridas fotos para Playboy... pero también por otras cosas, claro. Pero yo voy a ser sincero: a mi las fotos de mujeres en paños menores no me mueven una célula y, además, me daba la impresión de que iba a ser la típica película que intenta hacer lo que se lleva haciendo años, desvelar la personalidad de la actriz con un trágico final...


Mi semana está basada en las memorias de Colin Clark, un joven que se introdujo en el mundo del cine de la mano de su insistencia y de Lawrence Olivier, y que tuvo la suerte de formar parte del equipo que rodó El príncipe y la corista, y de eso trata, ni más ni menos. Lo que llama la atención es que no te intentan vender a Marilyn, sino que todo parte de la visión del joven Colin sobre la deseada actriz. Lo siguiente es ver cómo era Norma Jean en su día a día (bueno, siete días) de rodaje, y la verdad es que aprendes tantas cosas de ella que te parece redescubrir una manida figura icónica del XX y te enfrentas a una realidad más posible que la que nos intentan mostrar desde hace 50 años.



En ese sentido Michelle Williams está enorme... y mira que pensaba yo que no me iba a creer nada de la niñata de Dawson Crece, pero está increíble, y no por la caracterización, conste. No se parece a Marilyn, pero ahí está la magia de esta actriz y su actuación, porque en cada toma, cada escena, ves a Marilyn, te olvidas de la actriz que la representa. El resto de los actores, a la misma altura... mira que es complicado olvidarte de Kenneth Branagh, Emma Watson o Judi Dench, ¿verdad? Pues dejan de ser ellos, al igual que el protagonista, Eddie Redmayne... se integran en un guión sólido, creíble y bien estructurado, con un tratamiento de la imagen y la fotografía que te hacen revivir los años 50 como si nunca se hubieran ido.



No intenta ser un biopic, como nos daba a entender un marica pedante (como yo, pero más pedante aún) que nos contó, sin que nos interesase lo más mínimo, su visión de la película al terminar... es sólo parte de la vida de dos personas que convivieron hace medio siglo y que nos hacen comprender muy bien su verdadera personalidad, fuera de los manidos tópicos. Una película con una música preciosa que al final te deja un sabor muy dulce con esa ligera amargura que te deja la nostalgia de esos iconos con los que hemos crecido muchos. Y mira que no iba yo nada convencido, pero tuve que salir el último para que no me vieran los ojos arrasados, jajaja!



Muy recomendable, sobre todo si podéis verla en versión original. Se estrena mañana, día 24. No os la perdáis.



10 de febrero de 2012

Follies! en el Teatro Español

¿Otra entrada? ¿Seguida? ¡Pero joder, Otto, es que lo tuyo es o abandonarnos o estar aquí todo el día! Pues sí, queridos y queridas, señoras y caballeros, hombres y hembras, y eso que os tengo que contar otras cosas muy fuertes, pero eso el lunes, gentes... hoy cosas más agradables...

Ayer, antes de que se estrene, que, por cierto, se estrena hoy mismo en loor de multitudes, fui a ver...


¿Que no sabéis qué obra es? Bueeeeno, ya sé que sois más de ópera y tal (jajaja), como yo, así que os lo explico de un rápido: Follies, de Stephen Sondheim, un musical de esos de toda la vida que nos cuenta la despedida y cierre de un teatro de varietés, como dicen las abuelas, y en el que se celebra una fiestecita de despedida con las viejas glorias, cada cual de una era, cada cual con su historia y su canción... No cuento más de la trama porque, aunque es sabida, como el final de El Señor de los Anillos (muere Frodo y se casa con Gandalf), no es plan de que os aburra con los detalles...


¡A lo que vamos, que me lo quitan de las manos! Ya, yaaaa sé que todo el mundo (que es una cosa de lo más paleta) sólo parece querer ver a Massiel, y la gente coge y aplaude nada más verla, que da una cosa como de show americano de los años 50. ¿Que como está? Pues aparentemente sobria, aunque la voz se le ha quedado un poco borracha, chica, pero le viene al papel que ni pintado. En el elenco principal tenemos a Vicky Peña y Carlos Hipólito (Phyllis y Ben) y a Muntsa Rius y Pep Molina (Sally y Buddy) y a sus correspondientes en jóvenes (Marta Capel, Diego Rodríguez, Julia Möller, Ángel Ruiz). Los adultos, muy correctos, en especial ellas, y los jóvenes mejores, por la cosa de la preparación vocal.

 Yo sigo insistiendo en que en este país faltan actores-cantantes, no confundir con actores-que-cantan, pero bueno, la producción se deja escuchar bien... buena dirección musical, buena orquesta, no te ponen el puto volumen a tope, como en Gran Vía, que es insoportable, y me faltaba, la verdad, un poco de menos micrófonos y más voz natural, porque escuchas voz tras micro y no sabes quién habla porque todo se oye en el centro del escenario salvo (salvo) Heidi Schiller (Linda Mirabal/Joana Estebanell) que canta con voz de lírica y que bordan su número.



Me gustó la iluminación, la puesta en escena y el coro, aunque he de decir (si no lo digo reviento) que aunque se sea tan homosexual eso no se ha de notar desde el patio de butacas, y os aseguro que el aceite salpicaba hasta el paraíso y las plumas salían como dardos en los números de baile. Que seamos maricones en el escenario (bueno, y fuera) no hace que el pobre personaje lo sea también...


Mención especial a Asunción Balaguer que, con sus 86 añazos la tía, da en escena, baila y canta, canta, con poca voz, si, pero con una expresividad, unas ganas y una presencia que hace que, literalmente, el teatro se caiga en aplausos; mención a peluquería, que después de ver las fotos sin caracterizar, he flipado con las pelucas, que no lo parecen: hacen un trabajo de impresión.


Y nada, que podría seguir dándoos la chapa, pero paro ya. Yo soy muy de ópera, la verdad, y el musical en este país está aun muy verde, pero merece la pena ver el espectáculo, no es caro, es divertido y lo pasaréis bien, aunque no lo recordaréis como el espectáculo de vuestra vida, pero bueno, que ya tenéis recomendación.

Follies! de Stephen Sondheim se estrena hoy viernes en el Teatro Español, en cartel hasta el 8 de abril.


Y sí, sí conocéis alguna canción... ¿No recordáis a Liza Minelli y los Pet Shop Boys con su Losing my mind?

9 de febrero de 2012

El Invitado

A veces tener un blog está bien, sobre todo si escribes en él habitualmente (y no como yo, que llevo un mes que lo tengo abandonadito) ¿y por qué? Pues porque, por ejemplo, te invitan a cosas de lo más variopintas... Tengo muy claro que no me debo más que a lo que me gusta, así que por mucho que me digan que, por ejemplo, hable bien de Dodot o del patético libro de Víctor Blanco, si no lo pienso, no lo haré...

Un poco pensaba en eso cuando me dijeron de ir a ver una peli de Denzel Washington... Y pensé "¡Joder, un truño de Denzel! ¿Hará de ángel? ¿Hará de torturado héroe? ¿Predicador?... ¿Voy? ¿No?"


Afortunadamente vi el cartel y que Ryan Reynolds era coprotagonista... ¿Quién? Pues RAyOmá! Reynolds, este...


Y ya pues como que me animé, para qué engañaros, pero seguía pensando el "¡dios, qué truño Denzel Washington, y encima dos horas... ¡DOS!"... Pues ¡mierda para mi boca! Te sientas y te enganchas en el primer minuto con Ryan y en el segundo con un thriller de acción trepidante que no para un segundo, te quedas clavado a la butaca mientras notas cómo la adrenalina no deja de fluirte por todo el cuerpo, y tampoco te creas que es un guionazo... A ver, está bien, pero no hace falta ser muy listo para saber cómo transcurriran las cosas, claro... Es la acción, que no para, la que te deja dos horas flipando, y no lo digo por quedar bien, ¿eh? Y mira, me he reconciliado con Denzel Washington, no está empalagoso, al final no es sacerdote ni ángel ni nada de eso de lo que hacía antes, así que desde aquí os recomiendo a ver El Invitado (absurdo título cuando el original, Piso franco [Safe House] queda tan bien) que no se estrena hasta el viernes...

¿El viernes? ¿Y yo por qué la ví yo ayer? Pues por el pase para blogueros y tal, que son cosas que me dan muchisima vergüenza porque yo voy muy discretito y callado y allí empiezan a llegar blogueros que hablan en alto con que si su blog por ahí, su blog por allá, que si el uno le dice a la otra 'tú blog es superguay', y la otra 'Ya, pero es de moda, no sé porqué me mandan libros y cosas para que comente!'... MUY FUERTE! Nenas que es un puto blog, coño, UN PUTO BLOG, que no somos el Times...

Y todavía ellas parecen normales, pero ellos tienen esa pintilla entre nerd y sindrómico que te hace pensar que el mundo 2.0 crea monstruos horribles (me incluyo, ¿eh? No van a ser sólo Victor Blanco o Abel Arana... yo, servidor, también). Es como cuando uno busca novio por internet, que por escrito todo el mundo te resulta un adonis divertido y luego quedas con él y es un marica superescandalosa que no es tu tipo y que te hace plantear que la imaginación debería estar prohibida.


Lo mejor, que eso sí es un chocho, es cuando en seguridad te piden el DNI y no comprenden por qué ellos tienen apuntado a un tal Otto Más, sin ser ese el nombre que indica mi carné... ah, y también es muy bueno escuchar cosas como esta, escuchada de verdad ayer al terminar la peli...

- ¡Ostras! ¡El jefe del prota era Alastor Ojoloco Moody!


¿Ojoloco? Tú lo que necesitas es eso, justamente, que te pongan el ojo loco... vamos, echarte un buen polvo.

2 de diciembre de 2011

Dioses del Olimpo!

Ayer fui al prestreno de Immortals, una película que tenía muchas ganas de ver desde que ví el tráiler este verano y que después de verlo me quedé en plan Homer Simpson babeante diciendo "comidaaaaaa...", ya supondréis por qué...


Bueno, ¿que qué es Immortals? Pues es una película de los productores de 300, que con eso os podéis hacer una idea de la estética y la temática: tíos buenos, griegos sin prima de riesgo, o sea, antiguos, dioses del Olimpo, sangre y violencia mitológica y unos buenos efectos especiales con un 3D espectacular, no como en la última de Perseo, esa de Furia de Titanes, que era mala y con un 3D malo. Aquí el 3D mola porque los efectos especiales son de impresión, de montañas derrumbándose, tsunamis que arrasan costas y planos amplísimos, aparte de las escenas de acción, sangre y sexo, claro, titanes en prisiones doradas, el Olimpo, batallas...





En esta historia tenemos a Teseo, otro más de los innumerables héroes de la mitología grecorromana, encarnado por Herny Cavill, al que todos disfrutamos en Los Tudor pero que, con tanta gorguera, no enseñaba lo que enseña aquí. Ya sabéis, Teseo, el del Minotauro y todo eso, lo que pasa es que aquí hacen un resumen de todas sus hazañas en la misma trama, pero no nos vamos a poner puristas, que es cine y se trata de que divierta a lo grande, sin pretensiones de meterse entre pecho y espalda paquetes profundos que la gente siempre defiende como el verdadero cine... pues no, oiga, el cine es el que entretiene y divierte sin otras pretensiones, como así comenzó, a lo grande, con películas como El ladrón de Bagdad (1924) con un Douglas Fairbanks que no desmerece nada a los músculos de Cavill, para que luego digan que lo de enseñar teta es muy de ahora...



Bueno, pues eso, dos horas de acción que va en aumento, como la adrenalina que produce, con una estética muy cuidada y sin ser tan estática como era 300. Tios buenos, a patadas, y ya no sólo los olímpicos, sino también los tristes humanos, claro...



El que está con un papel que ni anillo al dedo es ese pobre que casi se convierte en despojo de la industria cinematrográfica (y de la cirugía estética...), Mickey Rourke, que hace de malvado y desalmado rey Hyperión y que la verdad es que gusta mucho, oigan...



Freida Pinto, sacerdotisa que todo lo ve, es una tía taaaaan guapa que incluso un marica de nacimiento (como yo, vamos) se queda flipado con la cara que tiene la tía que parece esculpida... como Atenea...



Zeus (Luke Evans), por cierto, está de ponerse de rodillas delante de él y... adorarle eternamente, y Kellan Lutz también, la verdad, sobre todo porque no abre la boca... Muy bien volver a ver a John Hurt y a Stephen Dorff...





¿Y qué más decir? Pues que es un peliculón de dos horas que no aburre, con una historia entretenida y con buenos efectos para pasar un buen rato y para ver en 3D, y mira que a mi el 3D sólo me mola en el mundo real, ¿eh? pero es que aquí el efecto final está fetén. Cosas que no gusten, pues las habrá, pero bueno, que nadie vaya pensando que va a ir a ver una fiel adaptación filológica de Las metamorfosis de Ovidio, sino acción con una estética muy particular salvo por los horrendos bajorrelieves del final, que hasta en el Románico estarían mejor ejecutados, jajaja...


Así que muy recomendable para estas Navidades, que se estrena el 23 de diciembre, una alegría para aislarse del mundanal ruido si no os ha tocado la lotería dos días antes...


LEAMOS, AMIGAS