29 de noviembre de 2014

Diario de Nueva York (II)

Hoy voy a meter dos días una sola entrada. Como siempre, son las seis de la mañana y con los ojos como platos, sobre todo porque anoche a las 22 ya estaba roque.

El miércoles fue un día de no hacer demasiado, porque se puso a llover y medio nevar. Mi paraguas murió y fue la mejor excusa para comprarme un paraguas del MoMA que siempre había querido. No me cabe en la maleta, por cierto, así que tendré que enviármelo por correo...


Paraguas artístico-homosexual en mano y con los pies empapados nos marchamos a la West 24 St., al lado de The High Line, la línea de tren reconvertida en paseo-jardín, para ver la exposición de Takashi Murakami en la Gagosian Gallery... 


Muy impresionante todo, como se puede observar. Luego seguimos por la misma calle, repleta de galerias de arte, viendo de todo un poco, aunque la expo en la Hasted Kraeutler con fotografías de Martin Schoeller se llevaba la palma.


Para entrar en calor, nos fuimos a cenar y a beber, claro.

Al día siguiente, Acción de Gracias, nos fuimos, como buenos turistas, a la cabalgata de Macy's, a morir congelados antes de ir a nuestra primera comida de Thanksgiving, pero eso lo dejo para la próxima entrada...



26 de noviembre de 2014

Diario de Nueva York (I)

Anoche me acosté a las 10 de la noche, después de un eterno viaje, y caí redondo. Este es mi tercer viaje a la Gran Manzana y siempre he querido documentarlo aquí, aunque sin éxito, fuera por aburrimiento o por pereza en general. Esta vez tengo tiempo, porque ya hemos visto las típicas cosas de turista y el viaje va a ser muy relajado... Y son las 6 de la mañana.

Ayer, a las 9 de la mañana, estábamos en Barajas, pasando esos controles antiterroristas que tan nervioso me ponen. Media hora más tarde estábamos en la terminal con ganas de desayunar...

Todo era paz y vacaciones... hasta que, al dirigirnos a la puerta de embarque, nos tocó el control aleatorio de viajeros... Sí, otro control. Quítate los zapatos, cacheo, vaciar todo el equipaje de mano, escanear el continente, encender todos los dispositivos electrónicos. Una mala hostia que para qué. Todo era muerte y destrucción.

Tras descubrir que no teníamos intención de destruir el mundo libre, embarcamos en un avión medio vacío y nos cambiamos al pasillo de salida de emergencia, muy relajaditos...

Ocho horas de viaje por delante. Decidimos ver La gran belleza, que me pareció maravilla y obra de arte y, tras estar una eternidad viéndola, cuando terminó sólo habían pasado dos horas, así que me puse a ver capítulos de Gumball (maravilla y obra de arte también) en modo compulsivo.

Al llegar al aeropuerto de Nueva York (JFK) comprobamos, con sorpresa, que ya se han habilitado las máquinas de control automatizado de pasajeros, donde tú mismo pones las huellas dactilares, te haces la foto y acabas con un papel en una cola donde eso mismo que acabas de hacer te lo repite un policia. Fantástico. Recoges la maleta y, cuando vas a salir, hay una nueva cola de una media hora para salir del recinto, más preguntas y más control policial.
Una vez fuera (Aleluya) las opciones son coger un un taxi o el metro. Esta vez, cogimos metro. Desde la terminal 4 del JFK hay que coger el Airtrain que te deja, en la parada final, en el intercambiador de Jamaica, desde donde, tras pagar 5$, puedes salir y coger el metro (Metrocard de 7 días de viajes ilimitados por 30$).
Después de llegar a casa, muertos, nos fuimos a cenar al West Village, a un estupendo italiano en el 21 de Bedfort Street, Cotenna. Un poco caro, pero muy rico. En serio. Muy rico.

A las 10 estábamos muertos y en la cama. Ya son las 7. Y con los ojos como platos. Hoy va a nevar.



7 de noviembre de 2014

Póngame un café con semen

Estados Unidos tiene auténticas perlitas maravillosas como esta que me obliga a hablar de ellas en la bloga para alegrar a los lectores el viernes... Bueno, Estados Unidos y los integristas cristianos, claro.

Resulta que un pastor de Nueva York ha denunciado que Starbucks hace sus cafés con leche con leche de macho homosexual, así, como lo leéis: lefa. El pastor en cuestión es James Manning, líder de la anti-gay Harlem ATLAH Missionary Church. ¿No es maravilloso? Pues hay más, porque dice que es todo una conspiración para que Starbuck sea la zona cero del ébola

"Lo que está haciendo Starbucks es que cogen muestras de semen de hombre [de qué si no, idiota] para ponerlo en sus cafés. Y es una verdad innegable. Hay un artículo sobre una investigación sobre que Starbucks usa semen de hombre y lo pone en el café que venden"
¿No es maravilloso que insista en que el semen sea de hombre (homosexual) y no de mujer? Jajajaja! Pues esto es un suma y sigue...
"¿Te imaginas? Pues yo me lo creo. Ya sabes, como Coca Cola, que empezó hace 100 años echando cocaína,... ¡Cocaína de verdad! [todos sabemos que, al igual que el semen, hay cocaína de mentira, claro] y el gobierno federal se lo permitió... porque entonces de había FDA [la agencia nacional de control y vigilancia sanitaria]..."
¿Dos millones de años de evolución humana para esto? No, aún hay más...
"Pero el asunto está en que... ya han denunciado a Starbucks por usar semen en su café con leche, sabes? Y yo creo que además es semen de sodomitas. Eso es lo que creo. Y alguien ha descubierto que el semen, como la sangre del cordón umbilical... tiene millones y millones de pequeños cigotos que mejoran el sabor del café y te hacen creer que se está encantando beber una taza de café con leche con semen"
Y la cosa tiene su aquel, claro, y es que la fe tiene ese poder, que por la fe te crees que hay dioses y si dios existen, por la fe también la leche del café de puede convertir en lefa. ¡Qué mal se lo montaron en las bodas de Caná! 

- Maestro, el vino sabe a semen de habitante de Sodoma...
 y el pescado a vagina de habitante de Gomorra.

24 de septiembre de 2014

Mis Vecinitas (II)

Hoy, aunque lo he estado posponiendo de mala manera por la pereza de soltar la historia, llega la segunda parte de mi coleccionable de otoño con mi vecina de al lado...


Mi vecina de puerta siempre me pareció muy simpática. Bueno, no.


Todo empezó cuando llegamos a esta casa nueva y maravillosa de renta tan asequible. Había que dar de alta todo, porque el piso estaba recién reformado, así que teníamos que ponernos con el gas y la luz, algo que fue (y sigue siendo) infernal. El del gas fue un tocacojones de leyenda, pero eso es otra historia. El problema llegó con la luz.


Cuando llamé para dar de alta no hubo manera de que me realizasen el trámite. Ya sólo esto merece una entrada, pero estamos con mi vecina. Después de un par de semanas llamando de forma compulsiva, di con el problema: no podían darme de alta porque ya había un contrato en la vivienda. El caso es que, por algún fallo administrativo, en mi piso constaba un contrato de luz, sin que tuviéramos luz, a nombre de mi vecina. La solución, pues que mi vecina fuese a arreglarlo porque la irregularidad partía de su contrato. ¿Fácil, verdad? No.

Mi vecina es filipina.


Cuando le expliqué todo el asunto, del que creo que no se enteró de nada, me dijo que ella se iba de vacaciones durante un mes a su tierra a los dos días y que no podía hacer nada. Yo me quedé un poco en plan será hija la gran puta vaya faena e intenté arreglarlo haciendo pasar a mi casera por la susodicha, sin éxito. La cosa pintaba mal: un mes sin luz.

Al día siguiente, mientras estábamos de traslados varios, me crucé con la portera y me dijo que había venido el técnico de la luz y que, oh, albricias, teníamos luz. Yo me quedé todo loco, claro, y llamé para hacer los papeles del contrato, sin éxito. De hecho llevo así un año, llama que te llama, queja que te queja, pero ya lo contaré en otra entrada.

Mi vecina me preguntaba, de vez en cuando, si ya estaba arreglado lo de la luz, y yo le decía que no, claro. En estos doce meses adivinad a quién le han cortado la luz cada dos meses... No, a mi no,... a mi vecina. Cuando me enteré, le dije, obviamente, que si ella hubiese arreglado las cosas en su momento, seguramente no le estarían cortando la luz, y me la llevé a una oficina de la compañía eléctrica para arreglar todo mientras ella no dejaba de repetir una y otra vez, una y otra vez, que sus pobres hijos no habían podido comer (caliente, supongo). 


Resultado, todo sigue igual, pero cada vez que le cortan la luz la perra inmunda vecinita llama a la eléctrica para reclamar que ella sí paga y que nos corten la luz a nosotros, y que sus hijos no han comido, ¡como si fuese culpa nuestra! La estamparía contra la pared.

La próxima entrada contaré lo de nuestros problemas con la luz. Bueno, o no.



15 de septiembre de 2014

Mis vecinitas (I)

Tengo que desahogarme, amigos, porque tengo demasiadas vecinas que me están ya todas tocando los huevos bien, así que es hora de una entrada consuetudinaria, en plan serie, de las que se hacían antes en esta bloga.


Vecina Atila, la huna.

Mi vecina Atila, aunque en realidad es el caballo de Atila, es mi caballo de batalla, valga la expresión. Obviamente, es mi vecina de arriba y hace que nunca te sientas solo en casa. Galopa y corta el viento por toda la casa hasta el punto de que, a veces, se nos mueven las lámparas. Tal cual.

N.B. No es rubia.

Ya hace un año que tenemos que soportarla y hasta este verano no se ha puesto la cosa de querer arrancarle de cuajo las patas de caballo que tiene es. En invierno también hace ruido, no os vayáis a pensar. Tiene una estufa catalítica (me encanta esto de catalítica) con la que se calienta hasta que le deben entrar los calores y en ese momento arrastra la estufa hasta la puerta, la lanza a su descansillo y cierra con un portazo tal que el calor no osa a salir de su casa en horas. Lo hace unos pares de veces al día porque, aunque el calor se acojone, la primera ley de la termodinámica le obliga a calentar la casa de nuevo.

ΔQ=ΔU+ΔW
En verano la cosa cambia, claro. Para empezar, no lleva zapatillas, va descalza, y camina en plan clavar los talones en el parqué hasta que las tablillas salgan volando, porque a veces me da la impresión de que se marcan sus pies en nuestro techo.

Atila lleva dos años como inquilina y, claro, ella se agobia y tiene que cambiar la decoración, así que a eso de las once de la noche ella se pone a redistribuir la habitación. Por redistribuir la habitación entiéndase lanzar los muebles rodando por el suelo, clavar cosas en la pared y, de paso, ponerse a cantar y bailar como su estuviera poseída, la muy malnacida, hasta casi la una de la madrugada, momento que yo suelo elegir para subir y pedirle, de muy buenos modos, que dejen de hacer ruido.

Representación idealizada

Como buen ser vivo (iba a poner ser humano, pero me lo he pensado dos veces) tiende a tener instintos reproductivos. En invierno se oye en ñigo-ñigo de la cama y la verdad es que es que la tía es una atleta. En verano, ya con las ventanas abiertas, nos organiza su recital de orgasmo y fuga de do mayor para todo el patio interior.


También, que se me olvidaba, ella y su novio tienden las sábanas en todo su largo, sin doblarlas, de forma que cubren nuestras ventanas y nos quedamos en tinieblas. No sería un problema si no fuera porque dejan la ropa tendida entre 3 y 5 días, llueva, nieve o haga sol.

En resumen, odio profundamente a mi vecina de arriba.


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