7 de noviembre de 2014

Póngame un café con semen

Estados Unidos tiene auténticas perlitas maravillosas como esta que me obliga a hablar de ellas en la bloga para alegrar a los lectores el viernes... Bueno, Estados Unidos y los integristas cristianos, claro.

Resulta que un pastor de Nueva York ha denunciado que Starbucks hace sus cafés con leche con leche de macho homosexual, así, como lo leéis: lefa. El pastor en cuestión es James Manning, líder de la anti-gay Harlem ATLAH Missionary Church. ¿No es maravilloso? Pues hay más, porque dice que es todo una conspiración para que Starbuck sea la zona cero del ébola

"Lo que está haciendo Starbucks es que cogen muestras de semen de hombre [de qué si no, idiota] para ponerlo en sus cafés. Y es una verdad innegable. Hay un artículo sobre una investigación sobre que Starbucks usa semen de hombre y lo pone en el café que venden"
¿No es maravilloso que insista en que el semen sea de hombre (homosexual) y no de mujer? Jajajaja! Pues esto es un suma y sigue...
"¿Te imaginas? Pues yo me lo creo. Ya sabes, como Coca Cola, que empezó hace 100 años echando cocaína,... ¡Cocaína de verdad! [todos sabemos que, al igual que el semen, hay cocaína de mentira, claro] y el gobierno federal se lo permitió... porque entonces de había FDA [la agencia nacional de control y vigilancia sanitaria]..."
¿Dos millones de años de evolución humana para esto? No, aún hay más...
"Pero el asunto está en que... ya han denunciado a Starbucks por usar semen en su café con leche, sabes? Y yo creo que además es semen de sodomitas. Eso es lo que creo. Y alguien ha descubierto que el semen, como la sangre del cordón umbilical... tiene millones y millones de pequeños cigotos que mejoran el sabor del café y te hacen creer que se está encantando beber una taza de café con leche con semen"
Y la cosa tiene su aquel, claro, y es que la fe tiene ese poder, que por la fe te crees que hay dioses y si dios existen, por la fe también la leche del café de puede convertir en lefa. ¡Qué mal se lo montaron en las bodas de Caná! 

- Maestro, el vino sabe a semen de habitante de Sodoma...
 y el pescado a vagina de habitante de Gomorra.

24 de septiembre de 2014

Mis Vecinitas (II)

Hoy, aunque lo he estado posponiendo de mala manera por la pereza de soltar la historia, llega la segunda parte de mi coleccionable de otoño con mi vecina de al lado...


Mi vecina de puerta siempre me pareció muy simpática. Bueno, no.


Todo empezó cuando llegamos a esta casa nueva y maravillosa de renta tan asequible. Había que dar de alta todo, porque el piso estaba recién reformado, así que teníamos que ponernos con el gas y la luz, algo que fue (y sigue siendo) infernal. El del gas fue un tocacojones de leyenda, pero eso es otra historia. El problema llegó con la luz.


Cuando llamé para dar de alta no hubo manera de que me realizasen el trámite. Ya sólo esto merece una entrada, pero estamos con mi vecina. Después de un par de semanas llamando de forma compulsiva, di con el problema: no podían darme de alta porque ya había un contrato en la vivienda. El caso es que, por algún fallo administrativo, en mi piso constaba un contrato de luz, sin que tuviéramos luz, a nombre de mi vecina. La solución, pues que mi vecina fuese a arreglarlo porque la irregularidad partía de su contrato. ¿Fácil, verdad? No.

Mi vecina es filipina.


Cuando le expliqué todo el asunto, del que creo que no se enteró de nada, me dijo que ella se iba de vacaciones durante un mes a su tierra a los dos días y que no podía hacer nada. Yo me quedé un poco en plan será hija la gran puta vaya faena e intenté arreglarlo haciendo pasar a mi casera por la susodicha, sin éxito. La cosa pintaba mal: un mes sin luz.

Al día siguiente, mientras estábamos de traslados varios, me crucé con la portera y me dijo que había venido el técnico de la luz y que, oh, albricias, teníamos luz. Yo me quedé todo loco, claro, y llamé para hacer los papeles del contrato, sin éxito. De hecho llevo así un año, llama que te llama, queja que te queja, pero ya lo contaré en otra entrada.

Mi vecina me preguntaba, de vez en cuando, si ya estaba arreglado lo de la luz, y yo le decía que no, claro. En estos doce meses adivinad a quién le han cortado la luz cada dos meses... No, a mi no,... a mi vecina. Cuando me enteré, le dije, obviamente, que si ella hubiese arreglado las cosas en su momento, seguramente no le estarían cortando la luz, y me la llevé a una oficina de la compañía eléctrica para arreglar todo mientras ella no dejaba de repetir una y otra vez, una y otra vez, que sus pobres hijos no habían podido comer (caliente, supongo). 


Resultado, todo sigue igual, pero cada vez que le cortan la luz la perra inmunda vecinita llama a la eléctrica para reclamar que ella sí paga y que nos corten la luz a nosotros, y que sus hijos no han comido, ¡como si fuese culpa nuestra! La estamparía contra la pared.

La próxima entrada contaré lo de nuestros problemas con la luz. Bueno, o no.



15 de septiembre de 2014

Mis vecinitas (I)

Tengo que desahogarme, amigos, porque tengo demasiadas vecinas que me están ya todas tocando los huevos bien, así que es hora de una entrada consuetudinaria, en plan serie, de las que se hacían antes en esta bloga.


Vecina Atila, la huna.

Mi vecina Atila, aunque en realidad es el caballo de Atila, es mi caballo de batalla, valga la expresión. Obviamente, es mi vecina de arriba y hace que nunca te sientas solo en casa. Galopa y corta el viento por toda la casa hasta el punto de que, a veces, se nos mueven las lámparas. Tal cual.

N.B. No es rubia.

Ya hace un año que tenemos que soportarla y hasta este verano no se ha puesto la cosa de querer arrancarle de cuajo las patas de caballo que tiene es. En invierno también hace ruido, no os vayáis a pensar. Tiene una estufa catalítica (me encanta esto de catalítica) con la que se calienta hasta que le deben entrar los calores y en ese momento arrastra la estufa hasta la puerta, la lanza a su descansillo y cierra con un portazo tal que el calor no osa a salir de su casa en horas. Lo hace unos pares de veces al día porque, aunque el calor se acojone, la primera ley de la termodinámica le obliga a calentar la casa de nuevo.

ΔQ=ΔU+ΔW
En verano la cosa cambia, claro. Para empezar, no lleva zapatillas, va descalza, y camina en plan clavar los talones en el parqué hasta que las tablillas salgan volando, porque a veces me da la impresión de que se marcan sus pies en nuestro techo.

Atila lleva dos años como inquilina y, claro, ella se agobia y tiene que cambiar la decoración, así que a eso de las once de la noche ella se pone a redistribuir la habitación. Por redistribuir la habitación entiéndase lanzar los muebles rodando por el suelo, clavar cosas en la pared y, de paso, ponerse a cantar y bailar como su estuviera poseída, la muy malnacida, hasta casi la una de la madrugada, momento que yo suelo elegir para subir y pedirle, de muy buenos modos, que dejen de hacer ruido.

Representación idealizada

Como buen ser vivo (iba a poner ser humano, pero me lo he pensado dos veces) tiende a tener instintos reproductivos. En invierno se oye en ñigo-ñigo de la cama y la verdad es que es que la tía es una atleta. En verano, ya con las ventanas abiertas, nos organiza su recital de orgasmo y fuga de do mayor para todo el patio interior.


También, que se me olvidaba, ella y su novio tienden las sábanas en todo su largo, sin doblarlas, de forma que cubren nuestras ventanas y nos quedamos en tinieblas. No sería un problema si no fuera porque dejan la ropa tendida entre 3 y 5 días, llueva, nieve o haga sol.

En resumen, odio profundamente a mi vecina de arriba.


3 de septiembre de 2014

Smiley, una historia de amor

Sí, amigas, una historia de amor, aquí, después de tanto tiempo.

Este viernes, o sea, dentro de dos días, el 5 de septiembre, se estrena en el Teatro Lara Smiley, y eso es bien. ¿Qué es Smiley? Pues es una obra de teatro de Guillem Clua, que es amiga, pero no os vayáis a pensar que os la recomiendo por eso, eh? Cuando Smiley estaba triunfando en Barcelona no era ni amiga ni nada y la obra ya era una cosa que había que ver.


¿Que de qué va? Pues es una comedia romántica sobre Alex y Bruno, dos chicos diametralmente opuestos, que se enamoran a pesar de los obstáculos y de no tener nada que ver entre sí... Vamos, como la vida misma, amigas. 

Referencia para cinéfilos y viejas como servidor
Lo guay es ver todo ese rollito que tanto nos encanta y que luego olvidamos, esas mariposillas en el estómago, ese huys, parece que le molo... bueno, esas cosas de adolescente, y de amor. Y no os hagáis una idea falsa porque sean dos tíos maricas y tal, eh? Amor y humor sirven para todos y son reconocibles por todos.

No hace falta que os diga que cuando se estrenó fue un éxito de crítica y público. Ya, ya sé que es lo típico que se dice, pero después de ver Lucy, Spiderman y Electro y Maléfica, que me parecieron mal, os podéis fiar de mi criterio e ir a ver Smiley, porque lo va a petar también en Madrid.

Ramón Pujol repite papel y se incorpora al reparto Aitor Merino, dirigidos por el propio Guillem, claro, que ha traducido y adaptado su propio texto para lanzarnos más de un guiño a los que vivimos y/o salimos por Madrid.



¿Alguna cosa más? Pues seguro que muchas, pero eso lo dejo para cuando la vea, claro. Por lo demás, ya estáis comprado la entrada desde la misma web del Lara, y daos prisa, que vuelan y no os perdonaréis no haberla visto... ni yo tampoco os lo perdonaré.



Smiley, una historia de amor

¿Dónde? En la sala Off del Teatro Lara
¿Cuándo? Septiembre y octubre, sábados a las 21:15 y domingos a las 19:00

Vamos, amigaaaaas! Que me lo quitan de las manos! Me  lo quitan de las manos!

1 de septiembre de 2014

Decimonovena reentré

Ya no sé ni cuántas veces le he dado el finiquito a la bloga, cuántas lo he resucitado y cuántas veces me he hecho propósito de la enmienda para no dejarlo abandonado, pero el caso es que aquí sigo, a pesar de los Secrets que me han dedicado (buenos y atroces), de las vacaciones (tan maravillosas como escasas) y de mil cosas más.


Este veranito ha sido, una vez más, verano gaditano, de mucha playa, mucha risa y de pasarlo bien con las amigas. La primera vez que fui a Cádiz de vacaciones, por allá en 2008, ya me pareció que había mucho marica que pasaba allí el verano, excluyendo, claro está, a las maricas circuiteras, a las ibicencas y a las torremolinenses, pero este año estaba plagado de maricones, y eso es siempre bien.

Onda vital gaditana

Más cositas. No vayáis a ver Lucy. Para los amigos de Facebook debe parecer que me pagan por decir cosas feas de esa película o que tengo una obsesión, pero es que no se salva ni por Luc Besson ni por Scarlett Johansson ni por los efectos especiales. Hasta las incongruentes políticas económicas de Mariano tienen más sentido que el guión de esa película, que ya es decir, amigas. Ah, y desde aquí un saludo a la Universal, que antes me invitaba a ver estrenos, en plan bloguera de mierda, y ya no.

Y eso siendo generoso...

Iba a hablar de una tercera cosa y no sé cuál es, seguramente como consecuencia de que sea lunes y uno de septiembre, pero bueno, sirva esto como saludo a la nueva temporada y, de paso, un saludo también desde aquí a Elvira Lindo que no comprende por qué la gente dice "es bien", "es mal" y "es amor" si es gramaticalmente incorrecto... Pues no es por poderme pedante pero porque es jerga 2.0, puede que se olvide, puede que permanezca, como ha pasado con muchas cosas erróneas en la historia del castellano... los caminos de las lenguas son inescrutables y no hay que darles la importancia que no tienen. Tampoco ¡jorl! es una interjección históricamente propia del castellano y mira tú y mayor patada al diccionario que decir jueza no hay. Hale, hasta mañana.


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