4 de marzo de 2008

La Lista de la Compra



Para mi la lista de la compra se limita a alimentos. Claro, y ¿qué otra cosa podría ser?... No nos pongamos picajosos: cuando uno hace la lista de la compra se refiere a eso y, como mucho, papel higiénico y Elena Automáticas. El otro día (siempre el otro día… he de cambiar de circunstancial) me acerqué a un centro comercial porque necesitaba comprar una funda para mi PSP que me compré en EEUU (eso irá en El Viahesito a Niuyol: Les souvernirs) y es la típica cosa que no sabes dónde comprar y vas a un centro comercial.

Removí Roma con Santiago y nada, así que con las mismas me fui a la cinta mecánica para bajar hacia la salida. A los tres metros recorridos vi que en la planta que dejaba había una tienda de videojuegos y tal, pero no pude reaccionar y subir porque se hizo un tapón humano detrás que me impedía subir. Mientras bajaba pensaba en que tenía que coger la cinta paralela para subir y que iba a parecer un tarado, así que al llegar abajo di una vuelta absurda de unos diez metros, un chaval se me quedó mirando y pensé Joder, ya está: piensa que estoy tarado, así que le miré con cara de soyinteligentenotepreocupes y seguí mi camino mientras él me seguía mirando… y pensé huyhuyhuys: cruising, y luego Qué mal pensado soy, ains! Compré la funda y salí contentísimo para… encontrarme de bruces con el chaval, que había subido y me esperaba… ¡Ains! ¡No pensó que estaba tarado, pensó que estaba haciendo cruising como él! ¡ARGH! Así que salí escopetao, pensando quién era más raro, él que folla en baños públicos o yo que ni follo ni fatatas por imbécil… ¡Qué mundo!

Epílogo: en ese Centro Comercial hay mucho cruising (vaaale, cancaneo, joder…), que una vez uno se me quedó mirando y me hizo gesto de ir al baño… Ecs, ecs, ecs, como diría Milacasta… Encima el tío es el portero del portal de al lado del mío y siempre que paso me mira con una cara de guarrete que no puedor, sobre todo en verano, que se va tan ligerito de ropas…

Y ya.

3 de marzo de 2008

El Clasico Autobus



Todas las mañanas del mundo son un camino sin retorno y yo cojo el autobús que me lleva al gym. Como está en el quinto coño (con perdón) de la ciudad, pues no se puede ir andando y cojo el autobús que lleva al polígono industrial donde está (y no, no hay fundición gay como en Springfield) con todos los obreretes, administrativas y tal. Yo voy encantado, porque llevo mi ipod donde me bajo todos los días el programa de Gemma Nierga, La Ventana (esto, para otro maripost), y desconecto del mundo.

Siempre va la misma gente, siempre las misma miradas. Hay dos tíos que son gays de provincias, que piensan que si sales del armario tienes que hacerlo en el periódico y decírselo a todo el mundo y que luego te van a quemar en la plaza pública, entonces te miran de reojillo, buscan la mirada cómplice y yo pongo cara de 'deja de joder y sal del armario como los demás, ricamari' (esto, para otro maripost). También ves al mismo conductor día tras día, pero no es el mismo, es diferente… aunque básicamente no hay variación. El otro día era muy diferente y pensé ¡Anda! ¡Conductor nuevo! Y me acordé de Nils porque tenía vitíligo (Nils no, el conductor)… Total, que yo llegaba tarde y ya no había donde sentarse… Dejo mi bolsa en el suelo y salen los auriculares volando, enganchados a la correa, y ¿qué oigo?...

Madrigales de Monteverdi en la radio del autobús… ¿Lo quéeee? Madrigales (una composición musical de forma y tema característicos) de Claudio Monteverdi, un músico italiano del Barroco Inicial… Yo a cuadros, oiga. Qué gusto… Ahí estábamos todos, yendo al polígono industrial con Monteverdi de fondo gracias a que el conductor escucha Radio Clásica de RNE. Quién se lo iba a decir a Monteverdi!...

La escena se desarrolla una tarde de invierno de 1619 en la casa de Claudio Monteverdi, en Venecia. A la derecha, una puerta, al fondo un ventana mira a Santa María della Salute al atardecer. Mesa, varias sillas y diversos instrumentos musicales se desperdigan, con algunas partituras, por la cámara. Claudio Monteverdi junto a la ventana.

Entra Francesco Cavalli, apurado y sin aliento.

Cavalli – ¡Maestro, no os lo vais a creer!

Monteverdi – Dime, Francesco, dime…

Cavalli – ¡Pues que vuestras obras se escucharán en el futuro!

Monteverdi – Hijo, eso es lo que pretendo cuando las mando a la imprenta…

Cavalli – Lo sé, maestro, pero es que las escucharán yendo al trabajo en el autobús…

Monteverdi - ¿De verdad? No lo puedo creer… [silencio]… Francesco…

Cavalli – Decidme, maestro.

Monteverdi – Hmmm… ¿En un autoqué?

1 de marzo de 2008

El paquetito cultural del finde... con carne

Todo el mundo sabe los que es una ópera, una especie de obra de teatro en que la gente se canta en otros idiomas y no se sabe lo que dicen porque es todo tan aburrido que no te enteras de nada, y encima al final se mueren… Eso es como decir que el fútbol es una especie de deporte donde 22 tíos en calzoncillos persiguen una pelota sin saber por qué…
Unos tipos florentinos, allá por el final del XVI, se dedicaban a hablar y preguntarse sobre muchas cosas que tenían que ver con el arte, la antigüedad, la música… Y un día les dio por pensar cómo sería el teatro clásico griego, donde héroes y dioses mostraban sus tragedias, según parece, hablando cantando… Y pensaron ¡Pues coño! ¿Y por qué no hacemos algo parecido? Por que tiene que molar… y pelas tenemos de sobra, y tiempo, ni te digo… Y así, pero en italiano, la Camerata de' Bardi o Camerata Fiorentina, se puso manos a la obra. La primera ópera se perdió, así que no sabemos cómo era, aunque se intuye por otras obras posteriores, pero el caso es que la gente flipó tanto que el género empezó a desarrollarse exponencialmente, cambiando su forma, experimentando nuevos recursos escénicos, musicales, dramáticos. Al principio, como en la tragedia griega, sólo trataba de héroes y dioses, pero luego fue popularizó.


Todo el mundo iba a la ópera, los teatros de ópera en Italia se construían para financiar hospitales, por ejemplo, y era como fue Operación Triunfo (como fenómeno sociológico) pero durante cientos de años. Los negocios, las guerras, los tratados, las conjuras… el café, el té… los cotilleos, la política,… todo se desarrollaba en el teatro de ópera, desde el XVII hasta el XIX. Incluso se hallan precedentes de la Revolución Francesa en la célebre Querelle des Bouffons, una controversia social bastante ruidosa a raíz de una ópera en que ¡una sierva se casaba con su señor! Esa ópera era La Serva Padrona, de Pergolesi. La ópera, esa cosa tan aburrida ahora, forjó la sociedad musical, y cultural, porque todo giraba entorno al género, de Europa, el gusto estético y muchas cosas más que nadie se puede imaginar. La edad de oro de la ópera, por su profusión en obras, popularidad y espectacularidad, fue el XVIII: dioses que bajaban en carros de caballos desde el cielo, demonios que surgían entre las llamas de las entrañas de la tierra, ninfas que nadaban en mares,… era como ver la película más fantástica que podamos ver ahora… Y los cantantes, ante los cuales la gente se desmayaba, entraba en histeria, como con los Beatles, amos… Uno de los más célebres, Farinelli, pasó a la historia, además de por ser ministro de exteriores de la Corona Española, por ser un cantante de excepcional voz y por la belleza y espectacularidad de su canto: producía éxtasis y trances entre la audiencia, y no es una forma de hablar…


Esto se escribió para él. La ejecución es genial, aunque la chica, Vivica Genaux, no tiene una grandísima voz… Es una aria da capo: se canta la primera parte, luego hay una transición y se vuelve a cantar la primera parte adornándola todo lo posible y nunca igual cada vez que se canta. Lo que ella hace es la mitad de lo que hacía Carlo Broschi, más conocido como Farinelli. Que sea de vuestro gusto.

LEAMOS, AMIGAS