Las Dos Bandoleras versión LSD

Me encanta el teatro del Siglo de Oro, me da igual que sea el oro francés, inglés o español, pero, evidentemente (lo siento, amiga Molière) a mi el teatro clásico español me encanta, por deformación profesional y académica, así que cuando me ofrecieron la oportunidad de ir a ver la nueva producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se me hicieron los ojos chiribitas.

Las dos bandoleras es una comedia de Lope de Vega que trata de dos muchachas a las que han deshonrado y abandonado tras un largo período de requiebros, que, en cristiano, es que sus novios se las han tirado diciendo con el consabido "mañana te llamo". Ellas se cogen un mosqueo de tres pares, claro, y se tiran al monte a vengarse de todo varón, conocido o no, que se encuentren. El padre flipa, el rey san Fernando está por medio y al final los cerdos de los novios se casan con ellas, todo muy antiguo, porque la acción transcurre en el siglo XIII.



La serrana de la Vera es otra obra de Lope, diferente, aunque también hay una hembra despechada, Leonarda, que se tira al monte para matar hombres para vengarse del suyo, don Carlos. Y ¿por qué hablo de esta otra obra? Pues porque no sé a quién coño se le habrá ocurrido, pero en la esta producción han mezclado las dos obras en una, lo que es redundante, absurdo y de bofetada en la cara de Lope y los espectadores. Mal.

¿Os he dicho que la obra se desarrolla en el siglo XIII en plena conquista de Córdoba? Pues el padre de las bandoleras va vestido de falangista... Sí, de azul, con sus flechas y su yugo. Pensaréis que el rey estará vestido de Generalísimo, ¿no? Pues no, va de rey en plan prusiano. Hay ataques con aviones, soldados de camuflaje... ¡Es lo que tiene ponerse modernas con el teatro del XVII, amigos! Todo un sin pies ni cabeza.


Evidentemente, será cosa de la directora, digo, que es Carme Portaceli, que no sé que dirección habrá ejercido, porque los actores, los pobres, parecen ir de un lado a otro del escenario sin tener muy clara la dirección, con espasmos, efectos de sonido de 1983 y, eso sí, una escenografía bastante efectiva.

Muy destacable una de las hermanas, que yo pensé que iba a ser mal, Carmen Ruiz, una tía que trabaja muy bien, proyectando, moviéndose en escena y recitando, al contrario que Macarena Gómez, que grita, se desgañita y le falta mucho para hacer teatro clásico, con perdón. Ya sé que habrá puesto su mejor intención, pero no lo ha conseguido, aunque la culpa es posible que también la tenga la dirección...

Matarla has tú, Carmen, o, ansí te lo digo, me la cargo yo.
Muy bien también David Fernández, el gracioso Orgaz, aunque un poco mal aprovechado y absurdo que se fume un cigarro (¿cosa de la dirección?); genial Triviño, el falangista padre de las descarriadas, Helio Pedregal, un actor de esos de proyectar, recitar y sacar lo que tiene dentro, aunque mal dirigido (otra vez). Guay (sí, guay) Llorenç González en el papel de don Carlos. Felicidades a Marc Rosich por conseguir fundir dos obras, porque ha tenido que ser tela marinera.

La obra se hace larga y pesada y se nota que no hay un sentido claro y riguroso, tanto que al final me puse a leer los whatsapps acumulados. Se supone que es una comedia pero les dan unos ramalazos hamletianos que son un poco WTF!, como diría Shakespeare. En definitiva, una producción muy poco digna de Compañía Nacional de Teatro Clásico. No me imagino a los franceses haciendo algo así en la Comédie-Française, ni a los ingleses en The Globe, claro.

Siento ser un poco Carlos Boyero (a quien detesto profundamente), pero, Carme, en filología se estudia el teatro clásico español; los experimentos son cosa de los estudiantes de química. Para los destrozos prefiero poner Nitro, no ir al teatro.


Las dos bandoleras, de Lope de Vega.
Teatro Pavón, Calle de Embajadores, 9, 28012 Madrid
8 de mayo - 8 de junio 2014

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Piiiiip

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