A Cuestas con Rita. Epílogo.

A ver, que sea ya la última vez que hablo de Rita, que estoy ya hasta la seta, que esta bloga parece un puto monográfico de mi fiesta favorita.
Vamos allá. Para los no informados de qué es Rita, tenemos esta entrada del pasado, y respecto a la sala donde se celebraba esta y esta otra. Para los que ya sabéis de qué va el asunto, me habréis leído despotricar últimamente con la última Rita, la de Hallowe'en, que fue la despedida de la sala Charada y el estreno de la nueva Rita en la nueva sala, Cool.
Como siempre, se montó una cola que no es normal, pero es lo que tiene que sea una fiesta divertida, que la gente va en masa, aunque el otro día (gracias a Ana Botella y su Hallowe'en particular) la policía controlaba de manera férrea el aforo para así evitar un nuevo Madrid Arena... eso sí, el resto del año podemos morirnos todos, que no importa.
Total, que por fin entramos y la música, no me voy a entretener en detalles, era una cosa mierda inmunda, más digna de Cool de toda la vida (chimpún, chimpún) que del petardeo habitual de Rita, así que empezábamos mal. La sala, además, tiene diferentes ambientes, con lo que se diluye el maravilloso rollo Rita de encontrarte con todo el mundo y hablar con gente que había antes y que era tan divertido. Ahora o te paseas por las escaleras o la pista o la parte de arriba, un mojón, no mola. Sala Cool, mal, y no la llenan un domingo.

Después de no sé cuánta interminable música de 
musculoca
mierda aburrirse mucho (chimpún, chimpún), por fin subieron al escenario (que no se veía nada, en parte por la iluminación de la sala) las señoritas travestidas a animar la fiesta, si por animar entendemos "ir a menos, perder alguna parte de las condiciones o propiedades que constituían su fuerza, bondad, importancia o valor". Pupi Poisson hizo su archiconocido y resabido espectáculo de la niña del exorcista (eraHallowe'en, amigas) y aquello fue, como dirían las abuelas (o sea, servidor) el acabose, por mucho que hiciera guiños a su participación en Quién quiere casarse con mi hijo.

Ya la anterior edición me pareció un poco decadente (que no digo que estuviera mal, pero no era en plan postmodernismo de siempre), por eso de llevar actores porno a despelotarse que es tan de ferias y fiestas locales... Ojo, amigas, yo no me escandalizo por nada, que donde hay rabo hay alegría, pero ¡que no es Kluster, que es Rita,
rabo coño!
No le quito mérito a la organización, conste, pero da la impresión (que no digo que sea así, sólo que es una impresión externa) que se están durmiendo en los laureles: resulta improvisado, cutre y su fiesta particular, y no puede ser porque los clientes pagamos. ¿Que es poco? ¿Que es mucho? Eso da igual, porque se nota el bajón que está sufriendo una sesión tan divertida como Rita, y no es una cuestión económica, que siempre están hasta la bandera, aunque como sigan haciendo una fiesta cada 15 días o tres semanas... malo: el cuento de la gallina de los huevos de oro.
No soy un hater, como diría la otra (un beso, Hache). Me encanta Rita, es mi fiesta preferida, estoy el primero en la cola, me divierte, me alegra el domingo y la resaca del lunes y quiero que sea lo que era en un principio: petarda. Menos pretenciosidades, menos estrellas invitadas venidas a menos y menos mamarracherío y más música marica, risas y buen rollo, que nos conocemos ya todas.

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Piiiiip

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