Homofobia Invisible

Hace ya un par de semanas o tres, de hecho después de que me largasen de Rita, hubo cierto revuelo en las redes sociales, o más bien en Facebook, con el tema de la homofobia y tal. No quise escribir nada para no aprovecharme del fenómeno ni del revuelo y, sobre todo, para no calentarme demasiado.
Básicamente, como muchísimos de vosotros ya sabréis, fue a raiz de los hechos que vivió un conocido en un VIPS del centro de Madrid en el que un cliente le recriminó de malas maneras que este chico recibiera algún beso que otro de su acompañante del mismo género. Vamos, que el señor no soportó que dos gays demostrasen serlo publicamente. Al final, empleados y público defendieron a los chicos y este conocido mío escribió su experiencia, bastante afectado, en Facebook, que se extendió como la pólvora, en buena parte porque mucha gente flipó con que esas cosas ocurran en pleno centro de Madrid y en gran parte, seamos sinceros, porque mi conocido tienen cierta personalidad en Facebook y, como es un chico monérrimo, a la gente se le hizo el chirri dinamita. En menos de 24 horas, blogas y medios maricas se hicieron eco del asunto, incluídos los oportunistas escritores de supuesta novela gayer que se rasgaban las vestiduras cuando, después, se ríen ostentosamente en plena calle del típico joven marica plumífero.

A mi, y vosotros, que me conocéis, lo sabéis, me parece que se debe denunciar todo abuso y discriminación, y yo aquí no lo he dejado de hacer jamás; es algo que se debe hacer a diario, aún a riesgo de que te llamen pesado, porque ocurre todos los días, en Madrid, en Teruel, en los colegios, en el trabajo... y sobre todo a gente que no llama la atención especialmente, o sea, el típico gordito, escuchimizado, feo... gente normal. Tan normal, y tan cercana a nosotros, que choca que nadie se haga eco de ello, nadie. Y es que, amigos, si eso le pasa a un feo no popular, o a una bollera y, encima, fea, ¿sabéis cuánta gente iba a compartir su estado? Pues seguramente 3 de los más de 10.000 que lo compartieron en este caso, y esto, también es un tipo de homofobia, porque el silencio ante el ataque a la dignidad de un ser humano es aún más despreciable.
Luego está el hecho de la localización. Yo siempre he dicho que en España tenemos superada la realidad homosexual, y por España me refiero a Chueca y alrededores, porque un poco más alláno es que te insulten, es que te parten la cara. Tal cual. Pero en el centro de Madrid, que no es España entera, no ocurre, y aunque te insulte un señor en el VIPS no podemos rasgarnos las vestiduras pensando que es superterriblemente común cuando unas horas más tarde, en la calle Leganitos, nos reuníamos como 500 maricones a divertirnos, de fiesta, con nuestras drags, plumas y demás, sin que pasase nada de nada (salvo el hecho de que me echaran de allí, pero que no fue por maricón, conste).

También está el tema del reconocimiento y la fama, del que hay tesis escritas y todo, en especial sobre literatura del Renacimiento, ya sabéis, cuando se pensaba que qué más daba todo si al final lo único que quedaba era la fama (la buena y la mala, por cierto), pero la fama cuesta,... y luego está lo del refrán: unos crían la fama y otros cardan la lana, y hete aquí que, de repente, llega Change.org y, al parecer, se les ocurre que sería muy grande hacer una petición para agradecer a VIPS su actuación y arengarles a que la conviertan en política de empresa, como si la homofobia no fuera ya un delito en este país, y entonces el representante de la plataforma, muy oportunamente*, se hace entrevistar en un medio de actualidad LGTB,... y es aquí cuando algunos pensamos que esto se ha ido de las manos, que se está perdiendo el norte y se está desvirtuando todo el tema de la homofobia para convertirse en una especie de reality.
La petición, que al contrario que la historia de Facebook, que se hizo viral y en 48 horas consiguió ser más de 10.000 veces compartida, en el mismo período, más o menos, de tiempo, no llegó a las 2.000 firmas y al final, con muy buen criterio por parte del creador de la misma, fue retirada. He de decir que me parece muy bien que la historia de Gabi fuera conocida, aunque sólo sea para abrir los ojos a la gente que cree que los homosexuales tenemos ya la batalla ganada, pero no puedo evitar dejar de pensar, como otros muchos, en qué hubiese ocurrido si la historia hubiese sido protagonizada por una lesbiana y, encima, fea. Pues nada, como todas las que ocurren todos 
Millicent Gaika fue maniatada, torturada y violada durante cinco horas por lesbiana, ahora vas y lo compartes...
* Esto está aclarado en un comentario que leeréis abajo de Javier Martínez Madrid.

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Piiiiip

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