Diario de Nueva York (I)

Anoche me acosté a las 10 de la noche, después de un eterno viaje, y caí redondo. Este es mi tercer viaje a la Gran Manzana y siempre he querido documentarlo aquí, aunque sin éxito, fuera por aburrimiento o por pereza en general. Esta vez tengo tiempo, porque ya hemos visto las típicas cosas de turista y el viaje va a ser muy relajado... Y son las 6 de la mañana.

Ayer, a las 9 de la mañana, estábamos en Barajas, pasando esos controles antiterroristas que tan nervioso me ponen. Media hora más tarde estábamos en la terminal con ganas de desayunar...

Todo era paz y vacaciones... hasta que, al dirigirnos a la puerta de embarque, nos tocó el control aleatorio de viajeros... Sí, otro control. Quítate los zapatos, cacheo, vaciar todo el equipaje de mano, escanear el continente, encender todos los dispositivos electrónicos. Una mala hostia que para qué. Todo era muerte y destrucción.


Tras descubrir que no teníamos intención de destruir el mundo libre, embarcamos en un avión medio vacío y nos cambiamos al pasillo de salida de emergencia, muy relajaditos...

Ocho horas de viaje por delante. Decidimos ver La gran belleza, que me pareció maravilla y obra de arte y, tras estar una eternidad viéndola, cuando terminó sólo habían pasado dos horas, así que me puse a ver capítulos de Gumball (maravilla y obra de arte también) en modo compulsivo.

Al llegar al aeropuerto de Nueva York (JFK) comprobamos, con sorpresa, que ya se han habilitado las máquinas de control automatizado de pasajeros, donde tú mismo pones las huellas dactilares, te haces la foto y acabas con un papel en una cola donde eso mismo que acabas de hacer te lo repite un policia. Fantástico. Recoges la maleta y, cuando vas a salir, hay una nueva cola de una media hora para salir del recinto, más preguntas y más control policial.
Una vez fuera (Aleluya) las opciones son coger un un taxi o el metro. Esta vez, cogimos metro. Desde la terminal 4 del JFK hay que coger el Airtrain que te deja, en la parada final, en el intercambiador de Jamaica, desde donde, tras pagar 5$, puedes salir y coger el metro (Metrocard de 7 días de viajes ilimitados por 30$).
Después de llegar a casa, muertos, nos fuimos a cenar al West Village, a un estupendo italiano en el 21 de Bedfort Street, Cotenna. Un poco caro, pero muy rico. En serio. Muy rico.

A las 10 estábamos muertos y en la cama. Ya son las 7. Y con los ojos como platos. Hoy va a nevar.



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Piiiiip

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