Orgullo es no avergonzarse

Mucha gente heterosexual, cuando llega el día de hoy, 28 de junio, celebración de los disturbios de Stonewall en Nueva York que dieron inicio, en 1969, a la lucha por la visibilidad y los derechos de los homosexuales en todo el mundo, nos mira con cierta condescendencia y paternalismo preguntándonos que por qué y de qué estamos orgullosos, que es como estar orgulloso de ser rubio, alto o otras circunstancias biológicas. Otros piensan que ser un pervertido no es motivo de orgullo, pero estos últimos no merecen más que el desprecio de ignorarlos hoy aquí.


El orgullo no es un sentimiento de "hostia, qué guay y cómo me mola ser maricón", o bollera o lo que sea, aunque sí mole, claro, aunque ni más ni menos que ser normal. El orgullo lo contraponemos y lo sacamos frente a la vergüenza a la que se nos ha expuesto durante mucho tiempo, y se nos sigue exponiendo, claro, aquí y en el resto del planeta. Orgullo es asumir que lo que te ha tocado ser es igual de bueno o de malo que lo que le ha tocado al otro. "Ya, ya..., pero yo no tengo por qué estar orgulloso de ser hetero [o normal, como se le escaparía a alguno]", ya, amigo, ni yo tendría que estarlo si a nadie le importase y si llevase unos 10.000 años siéndolo sin que me apedreasen por ello... Pero nos apedrean, nos parten la cara y nos insultan: aunque en la tele y en Chueca parece que vivimos en un mundo de fantasía y color, las cosas no son así, por mucho que nos podamos casar, adoptar o dar la mano por la calle.



Pero la discriminación ha dado sus frutos, incluso entre nosotros, que conozco a más de uno que pone verde al de al lado porque tiene pluma, haciendo así gala de la homofobia más peligrosa y del machismo más repugnante, ese que identifica cualquier cosa que tenga que ver con la mujer como algo malo, y es que no podemos pretender educar a los demás cuando tenemos el enemigo en casa... pero bueno, poco a poco. Recuerda todo ligeramente al movimiento de liberación racial en EE.UU., cuando uno podía encontrar a más de un negro asumiendo roles de lo más retrógrados e intransigentes hacia sus congéneres del mismo color, ¿a que nos suena a todos? Parece ahora que aquella lucha fue homogénea y común, pero no lo fue y con ella nos encontramos nosotros ahora cuando tenemos que dar la cara. Observemos esta foto:


Si, unos negros reivindicativos se bañan, con un blanco, en la piscina de un hotel y el dueño está echando ácido al agua. Brutal, ¿verdad? Volvamos a 2013: violentos tradicionalistas en Francia le parten la cara a un maricón por serlo; está prohibido publicitar y dar visibilidad a la homosexualidad en Rusia, donde no hace mucho pegaron una paliza a un homosexual, le violaron analmente con botellas rotas y lo mataron, prendiéndole fuego... Pues parece que vamos para atrás, mientras aquí nos olvidamos de que lo que se celebra no es sólo una fiesta, sino el reconocimiento (festivo, eso sí) de que estamos aquí y somos como los demás, aunque a Ana Botella no le guste que invadamos Gran Vía y nos mande al Paseo del Prado, donde se montará un cisco que desembocará en el consabido argumento demagógico de que algo tan sucio y ruidoso, aunque menos que el JMJ, debe hacerse en la Casa de Campo, por el bien de todos. ¿Y lo malo de esto? Lo malo es ceder; ceder y callar.





Ana Botella empinando el codo con orgullo

Un año más, nos guste o no, vayamos a Madrid o no, seamos de derechas o de izquierdas, queramos casarnos o no, queramos adoptar o no… musculocas, huesilocas, plumíferos, machas, gordos, bajos, altos, pastilleros, bollescas, camioneras, leather, pijos, presidentes de gobiernos, alcaldesas valencianas, regentes de glamurosos principados, sanos, enfermos, actores con licencia para matar o con misiones imposibles, armarizados, salidos (del armario), salidos (sexuales), célibes, provincianos, extranjeros, nacionales, presentadores de televisión, guapos, feos, folclóricas, acomplejados, modernos de mierda, freaks, informáticos (sí, tienen sexo), góticos, osos, dramaqueens, superhéroes, fashion-victims, futbolistas,… en general todos aquellos a los que no nos gusta que nos partan la cara por la calle por haber nacido LGTB, todos los que queremos ser felices como cualquier otro, todos los que tenemos ganas de vivir a pesar de los demás, todos estos y todos los que se os ocurran, TODOS hemos de celebrar que somos iguales a los demás, el Orgullo de ser lo que somos: seres humanos con capacidad para amar, crear, pensar… sin importar si nos gusta esto o lo otro, porque la vida es corta y hay que disfrutarla.
Hay mucho camino que recorrer aunque no nos lo parezca desde nuestra esquinita preferida de Chueca (bueno, y de Malasaña). Hoy muchos de los nuestros mirarán esta noticia en la tele, en la prensa, en la radio, en internet y se sentirán menos solos y verán una rendijita de luz en la oscuridad en la que se sienten, tendrán ganas de salir un poco del armario, quizás de acercarse furtivamente a Madrid a ver que somos legión y que somos capaces de mover una ciudad entera. Hoy es el día en el que no sólo hemos de contemplar lo que otros ya nos han conseguido para nosotros; hemos de contemplar todo lo que nos queda por conseguir para los que están por venir, para los que llegarán después de que nos hayamos ido, para que un día ya no haya que reivindicar nada de nada porque todos seremos iguales.
Y no lo olvidéis: Stonewall comenzó como una revuelta...

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Homofobia Invisible

Hace ya un par de semanas o tres, de hecho después de que me largasen de Rita, hubo cierto revuelo en las redes sociales, o más bien en Facebook, con el tema de la homofobia y tal. No quise escribir nada para no aprovecharme del fenómeno ni del revuelo y, sobre todo, para no calentarme demasiado.
Básicamente, como muchísimos de vosotros ya sabréis, fue a raiz de los hechos que vivió un conocido en un VIPS del centro de Madrid en el que un cliente le recriminó de malas maneras que este chico recibiera algún beso que otro de su acompañante del mismo género. Vamos, que el señor no soportó que dos gays demostrasen serlo publicamente. Al final, empleados y público defendieron a los chicos y este conocido mío escribió su experiencia, bastante afectado, en Facebook, que se extendió como la pólvora, en buena parte porque mucha gente flipó con que esas cosas ocurran en pleno centro de Madrid y en gran parte, seamos sinceros, porque mi conocido tienen cierta personalidad en Facebook y, como es un chico monérrimo, a la gente se le hizo el chirri dinamita. En menos de 24 horas, blogas y medios maricas se hicieron eco del asunto, incluídos los oportunistas escritores de supuesta novela gayer que se rasgaban las vestiduras cuando, después, se ríen ostentosamente en plena calle del típico joven marica plumífero.

A mi, y vosotros, que me conocéis, lo sabéis, me parece que se debe denunciar todo abuso y discriminación, y yo aquí no lo he dejado de hacer jamás; es algo que se debe hacer a diario, aún a riesgo de que te llamen pesado, porque ocurre todos los días, en Madrid, en Teruel, en los colegios, en el trabajo... y sobre todo a gente que no llama la atención especialmente, o sea, el típico gordito, escuchimizado, feo... gente normal. Tan normal, y tan cercana a nosotros, que choca que nadie se haga eco de ello, nadie. Y es que, amigos, si eso le pasa a un feo no popular, o a una bollera y, encima, fea, ¿sabéis cuánta gente iba a compartir su estado? Pues seguramente 3 de los más de 10.000 que lo compartieron en este caso, y esto, también es un tipo de homofobia, porque el silencio ante el ataque a la dignidad de un ser humano es aún más despreciable.
Luego está el hecho de la localización. Yo siempre he dicho que en España tenemos superada la realidad homosexual, y por España me refiero a Chueca y alrededores, porque un poco más alláno es que te insulten, es que te parten la cara. Tal cual. Pero en el centro de Madrid, que no es España entera, no ocurre, y aunque te insulte un señor en el VIPS no podemos rasgarnos las vestiduras pensando que es superterriblemente común cuando unas horas más tarde, en la calle Leganitos, nos reuníamos como 500 maricones a divertirnos, de fiesta, con nuestras drags, plumas y demás, sin que pasase nada de nada (salvo el hecho de que me echaran de allí, pero que no fue por maricón, conste).

También está el tema del reconocimiento y la fama, del que hay tesis escritas y todo, en especial sobre literatura del Renacimiento, ya sabéis, cuando se pensaba que qué más daba todo si al final lo único que quedaba era la fama (la buena y la mala, por cierto), pero la fama cuesta,... y luego está lo del refrán: unos crían la fama y otros cardan la lana, y hete aquí que, de repente, llega Change.org y, al parecer, se les ocurre que sería muy grande hacer una petición para agradecer a VIPS su actuación y arengarles a que la conviertan en política de empresa, como si la homofobia no fuera ya un delito en este país, y entonces el representante de la plataforma, muy oportunamente*, se hace entrevistar en un medio de actualidad LGTB,... y es aquí cuando algunos pensamos que esto se ha ido de las manos, que se está perdiendo el norte y se está desvirtuando todo el tema de la homofobia para convertirse en una especie de reality.
La petición, que al contrario que la historia de Facebook, que se hizo viral y en 48 horas consiguió ser más de 10.000 veces compartida, en el mismo período, más o menos, de tiempo, no llegó a las 2.000 firmas y al final, con muy buen criterio por parte del creador de la misma, fue retirada. He de decir que me parece muy bien que la historia de Gabi fuera conocida, aunque sólo sea para abrir los ojos a la gente que cree que los homosexuales tenemos ya la batalla ganada, pero no puedo evitar dejar de pensar, como otros muchos, en qué hubiese ocurrido si la historia hubiese sido protagonizada por una lesbiana y, encima, fea. Pues nada, como todas las que ocurren todos 
Millicent Gaika fue maniatada, torturada y violada durante cinco horas por lesbiana, ahora vas y lo compartes...
* Esto está aclarado en un comentario que leeréis abajo de Javier Martínez Madrid.

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